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Una muchacha sin ropa y en el Jirón Huancavelica
(a Marilú Chuquilín Bazán)
Una muchacha sin ropa y en el Jirón Huancavelica
tiene profundo el corazón añil y el torso herido,
de tal forma que si llueve granizo, rayos o un eclipse en medio del barrio
es bueno darle un ramito de retamas y buscar a sus pares
en los extramuros de la ciudad.
Las mujeres descalzas agonizan ahí a mano y bajo la sombra
cerca a la hoguera sin un bello sacerdote que les dé confianza
Pero los días domingos se buscan, hablan, y forman sindicatos
En su refugio huelen a la araña, al gallinazo y no se ocultan
Hembras felinas observan al enemigo, lo calan y jamás se fatigan
Una fémina planta su árbol y en la tarde alza la mano
y da gracias a la vida, a la madre tierra y a sus ancestros
Para los yatiris es una suerte un azar una bendición
y para el varón un desvarío
Una mujer solitaria es un misterio es un rito un laberinto
muy arduo de descifrar.
Una artesana en pollera y en la noche construye una ventana
talla un retablo, limpia la choza, espanta a los malos espíritus
y purifica El mediodía ámbar se torna en crepúsculo
y es un reto no ser pura Una mujer rota o marginada
es independiente, protesta, conspira, canta, marcha,
y se traga por fin los ojos de la adversidad.
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